Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la mujer empezó a realizar actividades destinadas a los hombres; de tal manera que, junto con esto, cambió su manera actuar frente a la vida. Esto se vio reflejado en la forma de vestir y de pensar; así, a principios de la década de los veinte, las mujeres comenzaron a lucir melenas corta, a fumar con boquilla y a utilizar pantalones, esto gracias a Coco Chanel. Cambios que podrían parecer superficiales y estéticos cuando realmente representaban una nueva concepción de mujer capaz de introducirse en algunos  ámbitos masculinos, de ahí que aquella que adoptara este estilo fuera conocidas como la garçonne; término que provenía de la palabra francesa garçon que significa muchacho.

Asimismo, la estereotipada figura de la garçonnei se vio afianzada con la novela del francés Victor Margueritte La garçonne, en la que la protagonista Monique Lerbier debe enfrentarse a alta burguesía a la que pertenece y a un matrimonio arreglado con un hombre quien la engaña, de tal forma que decide liberarse de la presión social, salir al mundo a conocer y encontrarse a ella misma. No les contaré el final, pero sí los invito a leerla historia y adentrarse en la sociedad burguesa parisina de la década de los años veinte, conocida porque la moda de las chicas con flecos, perlas, labios de corazón, cabellos cortos y engomados resguardados bajo sombreros cloclé o rodeados de una cinta con plumas. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos visto enredados en la fantasía de esta época?, ¿quién no se ha dejado llevar al mirar fotografías de estas mujeres disfrutando las fiestas o los eventos deportivos de la época?

Este verano estuve en Francia y leí esta novela, pude imaginar cada una de las escenas y conocer algunos de los lugares mencionados; además, recordé una espectacular foto que es una postal de la Colección Casasola  en la que aparece una linda chica con un sombrero cloché de fiesta acompañada de su galgo inglés. Al verla de nuevo pude darle un rostro a Monique Lerbier, la garçonne. Esto me hizo pensar en lo fantástico que pueden ser las fotografías, pues guardar instantes de la vida de las personas, personas a veces desconocidas para los espectadores pero que, sin duda, están llenas de significados propios y de otros.

Después de mirar la fotografía, recordé que mi amigo Hugues Daguet trabaja en una maravillosa tienda de sombreros ubicada en la ciudad de Poitiers llamada La Boutique à Chapeaux. Me dirigí a verlo junto con mi amiga Fernanda, a quien le encanta probarse sombreros. Entrar a la boutique fue como viajar en el tiempo, hay sombreros de todo tipo, para toda ocasión y de toda época. Por lo que le pregunté si tendría un cloché como el de la chica de la foto y sacó uno rosa satinado lindísimo que logró completar la imagen de la garçonne que fui construyendo en mi mente a partir de la lectura de la novela y, principalmente, de la postal de la Colección Casasola que me hizo viajar ciento cuatro años atrás.

Olinca Olvera

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