sufragio femenino en México 1955

Aunque setenta años resulta un extenso periodo, no deja de resultar sorprendente e incluso escandaloso que la mujer mexicana haya logrado el voto apenas en octubre de 1953, poco más de tres décadas después del final de la Revolución Mexicana.

A pesar del papel fundamental que desempeñaron miles de mexicanas de todas las clases sociales en la lucha armada de 1910 a 1920, sobre todo de la clase media y la clase trabajadora y muy especialmente del sector campesino, parece un absurdo que durante esos 33 años se les haya impedido un derecho tan fundamental como el de su participación como votantes en los comicios electorales subsiguientes al movimiento revolucionario. Aquí te contamos más acerca del voto femenino en México.

El voto femenino en México en pocas palabras

  • A pesar del triunfo de la Revolución, las mexicanas tardaron más de tres décadas en conseguir el derecho a votar en las elecciones.
  • La lucha por los derechos políticos de la mujer había empezado en México desde la segunda mitad del siglo XIX.
  • Las mujeres mexicanas debieron luchar en contra de la mentalidad retrógrada y patriarcal de los sectores más conservadores.
  • Fue hasta 1953 que se estableció en la Constitución el sufragio universal para las mujeres y en 1955 que pudieron votar por primera ocasión.
  • Hoy día, la participación femenina en las elecciones es vista como algo natural, pero fue precedida por una ardua e intensa lucha.

La resistencia machista del México reaccionario

Lo anterior significa que, a lo largo de esos 33 años, las mujeres de México tuvieron que luchar contra la mentalidad machista que persistía en los grupos políticos que habían resultado triunfadores y que presumían de progresistas, aunque conservaran ideas que resultaban tan retrógradas como las de los miembros del antiguo régimen porfirista. La de estas mexicanas fue una lucha casi silenciosa pero llena de perseverancia, valentía y determinación.

De hecho, esta batalla femenina fue mucho más larga y provenía del siglo XIX, cuando la Constitución liberal de 1857 no otorgó derechos políticos a las mujeres. Fue en ese contexto que las primeras voces femeninas comenzaron a alzarse en demanda de igualdad y fue desde ese tiempo que surgieron en México las primeras asociaciones feministas.

Figuras pioneras como Laureana Wright de Kleinhans y Hermila Galindo resultaron fundamentales en la articulación de las demandas de las mujeres. Wright, por ejemplo, fundó la revista Violetas del Anáhuac en 1887, en la que abogaba por la educación y los derechos civiles de su género.

Historia del voto femenino en México

Claramente, la Revolución Mexicana fue un punto de inflexión para el movimiento feminista. Aunque la guerra fue devastadora, también abrió espacios para que las mujeres participaran en roles más activos, tanto en el frente de batalla como en la política. Durante dicho lapso, personalidades como Carmen Serdán y Dolores Jiménez y Muro no sólo lucharon por la causa revolucionaria, sino que también respaldaron los derechos de la mujer.

Después de la Revolución

Una vez que las fuerzas rebeldes se impusieron a porfiristas y huertistas, el activismo femenino continuó ganando terreno. En 1916 se celebró en Yucatán el Primer Congreso Feminista, organizado y promovido por Salvador Alvarado, junto con Elvia Carrillo. Este congreso fue todo un hito, ya que en el mismo se abordaron temas cruciales como la educación, el trabajo y los derechos políticos de las mujeres. Desgraciadamente, sus resoluciones no se tradujeron en cambios legislativos inmediatos, aunque sí logró establecer una base importante para futuras luchas. Así, en 1923, Elvia Carrillo Puerto fue elegida diputada del Congreso del Estado de Yucatán, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en ocupar un cargo político en México. Aun cuando su mandato fue breve, debido a la oposición conservadora, su elección marcó un precedente importante.

Dos décadas de avanzar… y de retroceder

Los años treinta y cuarenta fueron un periodo de avances y retrocesos para el movimiento por el sufragio femenino. En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas propuso una reforma al articulo 34 de la Constitución, para otorgar el derecho al voto a las mujeres, y aunque la reforma fue aprobada por el Congreso, nunca se promulgó de manera oficial. ¿La razón? A decir de María Marván Laborde, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, al final fue el propio Cárdenas quien decidió echarse para atrás y no promulgarla, debido a presiones de los sectores conservadores, sobre todo del ejército.

Aún así, durante ese tiempo, organizaciones como el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM), fundado en 1935, jugaron un papel determinante en la movilización de las mujeres y en la presión al gobierno. El FUPDM organizó numerosas campañas y protestas, con el argumento de que las mujeres debían tener el derecho a participar en la vida política del país.

En 1947, hubo un logro parcial pero muy trascendente. En pleno gobierno de Miguel Alemán Valdez, se otorgó el voto a las mujeres, aunque únicamente a nivel municipal, ya que existía el temor –prejuicioso y machista– de que las fuerzas conservadoras manipularan ese voto debido a que, según ha comentado la socióloga Georgina Cárdenas Acosta, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, se decía de manera generalizada que “las mujeres estaban influenciadas por la religión debido a su supuesta cercanía con la Iglesia católica”.

1953: del dicho al hecho…

Con todo, ese paso daría lugar, seis años más tarde, ya en el sexenio del presidente Adolfo Ruiz Cortines, a que el 17 de octubre de 1953 se estableciera en el Diario Oficial de la Federación el sufragio universal para las mujeres. Esto no significó la aplicación inmediata de ese decreto que por el momento sólo aparecía en el papel. Como dice la propia socióloga Cárdenas Acosta, “a pesar de que las mujeres adquirieron el derecho al sufragio, esto no garantizó su acceso pleno a los espacios de toma de decisiones”.

Ciertamente, en la legislación se estipulaba el voto femenino, pero en la práctica se siguió relegando a las mujeres de la política. Esto se debió a la configuración del poder que siguió siendo absoluta y absolutistamente masculina y patriarcal. Durante muchos años aún, los hombres seguirían accediendo con facilidad a los puestos de poder, mientras que las mujeres lo harían a cuentagotas.

El 3 de julio de 1955, las mexicanas votaron por vez primera en una elección federal. Es un hito histórico sin duda, por la participación masiva de las mujeres que acudieron en gran número a ejercer ese nuevo derecho por el que llevaban luchando largas décadas y porque el hecho abrió las puertas a futuras reformas en favor de la igualdad de género.

Medio siglo más tarde y un poco más

Hoy día, la participación femenina en las elecciones, ya sea como votantes o como candidatas, es vista en forma natural y las nuevas generaciones ni siquiera se plantean que en el pasado la situación fuera diferente. Ahí está el hecho de que en 2024, por primera vez, las dos principales candidaturas a la Presidencia de la República estén representadas por mujeres y que una mujer será indefectiblemente, 71 años después de que se lograra oficialmente el derecho al voto femenino, la primera Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

¿Quiere esto decir que la meta está lograda y que la política ha dejado de ser un coto del poder patriarcal masculino? No del todo, aunque mucho se ha avanzado al respecto. Por ejemplo, con el establecimiento constitucional de las cuotas de género, por las cuales se obliga legalmente a los partidos políticos a postular un 50 por ciento de candidatas mujeres. Cifras estadísticas del Instituto Nacional Electoral (INE) muestran que si en 2014, apenas hace diez años, el Congreso de la Unión estaba representado por 254 mujeres y 374 hombres, en la actualidad hay un congreso paritario en el que la mitad de los diputados y los senadores de la República pertenece al sexo femenino.

A manera de conclusión…

  • La lucha por el derecho al voto de las mexicanas tiene detrás suyo una larga historia de determinación y valentía.
  • A los nombres de las mujeres aquí mencionadas como activistas de esta causa, habría que agregar muchísimos más, por no hablar de las miles y miles que lucharon desde el anonimato. Su legado se refleja también en los movimientos feministas contemporáneos que combaten por otros derechos, como la igualdad social y económica de la mujer, y pelean en contra de un sinfín de injusticias, como el feminicidio y la violencia de género.
  • La historia del sufragio femenino en México sirve como un poderoso recordatorio de que el cambio de la sociedad es posible por medio de la persistencia, la combatividad, la inteligencia y la organización colectiva. Es una historia que representa un testimonio del poder del activismo y de la importancia de la justicia social.