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La peculiar toma del puerto más importante de México

Después de que el sainete convertido en conflicto internacional por el equívoco arresto de un grupo de soldados estadounidenses en el Puerto de Tampico –arresto que duró unas pocas horas, ya que los detenidos fueron liberados casi de inmediato– fuera usado como pretexto por el gobierno del vecino país del norte para exigir que el ejército mexicano izara la bandera de las barras y las estrellas y le rindiera honores con veintiún cañonazos y luego de que tras un estira y afloja entre Washington y las autoridades espurias del usurpador Victoriano Huerta, éste cediera al fin y aceptara el reclamo del presidente Woodrow Wilson, el mandatario norteamericano encontró un pretexto más para llevar a cabo sus verdaderas intenciones.

La invasión a Veracruz en pocas palabras

  • El arribo de un barco alemán con armamento para el gobierno huertista fue el pretexto de Estados Unidos para iniciar la intervención
  • Al desembarcar en el puerto, los marinos estadounidenses se enfrentaron a la resistencia armada del pueblo veracruzano
  • Entre los defensores se encontraba el cadete de la Escuela Naval Militar José Azueta, héroe que perdió la vida al tratar de proteger nuestro territorio
  • Las fuerzas constitucionalistas de Venustiano Carranza mantuvieron una actitud prudente y expectante ante los hechos
  • La ocupación de Veracruz fue una clara violación de la soberanía de México que sin embargo y por fortuna no escaló a dimensiones mayores

El ubicuo “Ypiranga”

Con la coartada de su apoyo a las fuerzas revolucionarias constitucionalistas que combatían a Huerta y que comandaba Venustiano Carranza, el 21 de abril de aquel 1914 las fuerzas militares que tenían cercado con buques de guerra el puerto de Veracruz detuvieron a un buque mercante con bandera alemana, el “Ypiranga”, embarcación que transportaba 200 ametralladoras y 15 millones de cartuchos para el gobierno huertista. Coincidentemente, se trataba del mismo “Ypiranga” que en mayo de 1911 había conducido al presidente Porfirio Díaz a su exilio europeo.

Dado que las autoridades de los Estados Unidos habían decretado meses antes un embargo contra el régimen usurpador, al cual habían desconocido, el contralmirante en jefe de la flota, Frank F. Fletcher, había recibido tres instrucciones precisas: impedir que las armas entraran a México, intervenir la aduana y tomar la ciudad. De ese modo, aquel mismo día 21 y sin previo aviso, varios lanchones provenientes del cañonero “Praire”, ocupados por cerca de dos mil marinos yanquis fuertemente armados, se dirigieron a tierra para ocupar la plaza.  

Al ver lo que sucedía, el general huertista Gustavo Mass tomó la cobarde decisión de retirar a sus soldados hacia Tejería, una población tierra adentro, cercana al puerto, a fin de evitar el enfrentamiento con los invasores. Según él, tuvo que hacerlo “por no contar con suficiente fuerza ni estar la ciudad preparada para resistir el ataque”. 

José Azueta, un héroe veracruzano

Sin embargo, muchos pobladores civiles que claramente no compartían ese punto de vista trataron de organizar la resistencia y a ellos se sumaron los alumnos de la Escuela Naval Militar, verdaderos niños héroes como José Azueta, cadete y teniente de artillería, quien a sus escasos 19 años y armado de una ametralladora, se situó en una esquina cercana a la escuela, desde donde disparó varias ráfagas para tratar de impedir el ultraje de los estadounidenses que ocupaban la zona de la aduana, hiriendo a más de uno. Los sorprendidos marines repelieron el ataque y uno de ellos, francotirador experto, logró derribar al muchacho.

José Azueta

José Azueta en Ciudad de México, 1913, Fototeca Nacional.

Así narraría los hechos en una carta su padre, don Manuel Azueta, oficial de la marina mexicana:

  Lo vimos levantar su ametralladora y colocarse en medio de la citada calle (Landero y Coss) y teniendo a su espalda la esquina del Instituto Veracruzano enfilar la esquina de carnicerías, volviendo a dirigir sus fuegos sobre el enemigo que hacía fuego desde la aduana. Poco tiempo aguantó en esta nueva y descubierta posición, cayendo acribillado por tres balazos en las dos piernas y en un brazo, víctima de su arrojo y amor por su Patria y por su padre, pues por estos dos nobles sentimientos él se quedó y no evacuó la plaza siguiendo a su batería cuya retirada protegió”

Malherido, el joven cadete pudo ser rescatado y llevado a un hospital, donde no había lo necesario para curarlo y entonces lo trasladaron a la casa de una de sus hermanas. Ahí pudo atenderlo un médico de nombre Roberto Reyes.

Cuando el desigual enfrentamiento terminó, con cerca de 300 civiles muertos en defensa de su ciudad, el contralmirante Fletcher se enteró de lo que había hecho el valeroso muchacho y envió a un mensajero para solicitar autorización de visitarlo y poner a su disposición los servicios médicos del barco hospital estadounidense. Pero el doctor Reyes se negó a recibirlo y mandó decir: “Si el estadounidense entra a esta casa, lo mató o él me mata”. Más tarde, al enterarse de que los invasores se ofrecían a ayudarlo, el propio joven se negó a ello. “De los invasores no quiero ni la vida”, habría exclamado según quienes estaban con él. 

José Azueta no pudo recibir los auxilios necesarios debido a la falta de insumos y tras una larga agonía, falleció el 10 de mayo. Hoy día es uno de los grandes héroes del puerto de Veracruz.

Negociaciones con Venustiano Carranza

Para entonces, la ciudad ya había sido ocupada por el ejército norteamericano y a fin de evitar cualquier brote de rebeldía de sus habitantes, se había establecido la ley marcial.

Apenas tomado el puerto, el gobierno de Estados Unidos trató de suavizar la situación y el Departamento de Estado envió una nota a Venustiano Carranza, quien se encontraba en la ciudad de Chihuahua, para manifestarle que el presidente Wilson no intentaba hacerle la guerra a México y a su pueblo y que el problema era directamente contra el golpista Victoriano Huerta y su gobierno de facto. Que el único deseo de Washington era el pronto restablecimiento del orden constitucional en la República Mexicana.

A ello, el día 22 de abril, el jefe del Ejército Constitucionalista respondió de manera mesurada pero enérgica que el gobierno ilegítimo de Huerta no representaba a la Nación y que la única autoridad a la que el gobierno estadounidense debería dirigirse era a él mismo, como jefe de la Revolución. En un fragmento de su carta de respuesta, Carranza escribió: “Interpreto los sentimientos de la gran mayoría del pueblo mexicano que es tan celoso de sus derechos como respetuoso ante los derechos ajenos y os invito a suspender los actos de hostilidad ya iniciados, ordenando a vuestras fuerzas la desocupación de los lugares que se encuentran en su poder en el puerto de Veracruz”.

Aun cuando Huerta trató de sacar jugo a la ocupación norteamericana, tratando de hacerse pasar como el patriota que defendería a la Patria de su gran enemigo, el hecho de que las tropas extranjeras permanecieran en Veracruz y no avanzaran tierra adentro (como deseaban algunos congresistas estadounidenses de ideas expansionistas, fanáticos de la doctrina del Destino Manifiesto, ávidos de conquistar México y Centroamérica) hizo que el conflicto no escalara más de la cuenta.

La prudente decisión del presidente Wilson evitó una guerra no sólo contra el régimen huertista sino contra todo el pueblo mexicano, ya que de haberse producido la invasión, es seguro que el Ejército Constitucionalista hubiese respondido en defensa de nuestro territorio y se habría producido una conflagración de imprevisibles consecuencias, justo a tres meses de que se iniciara la Primera Guerra Mundial. No obstante, esa prudencia escondía también un pensamiento colonialista, intervencionista e imperialista, incluso paternalista, ya que el propio Wilson, quien era un demócrata convencido, pensaba sin embargo que los pueblos iberoamericanos no sabían gobernarse a sí mismos y necesitaban de la tutoría de Washington para no caer en manos de gobiernos tiránicos y dictatoriales como el de Victoriano Huerta.

Como cuenta Isidro Fabela en su monumental Historia diplomática de la Revolución Mexicana: “El presidente Wilson, partidario decidido de la independencia de los Estados y de su libertad interior, determinó ante sí mismo dictar a los mexicanos la política que debían seguir. Por eso dijo a Sir William Tyrrell, comisionado especial del gobierno inglés, cuando le preguntó cuál era su política hacia México: ‘Voy a enseñar a las repúblicas sudamericanas a elegir buenos hombres’”.

Siete meses de ocupación

La ocupación del puerto de Veracruz se prolongó sin mayores incidentes durante siete meses. No fue sino hasta noviembre del mismo 1914 que el último buque de guerra estadounidense se retiró con rumbo a aguas internacionales.

Para entonces, ya Victoriano Huerta había renunciado a la presidencia de la República (lo hizo el 15 de julio, menos de un mes después de la batalla de Zacatecas) y había huido del país a bordo de un barco alemán que zarpó de Puerto México, hoy Coatzacoalcos, para exiliarse en España. Las fuerzas constitucionalistas al mando de Carranza eran ya las dueñas del poder político en el país, aunque las diferencias entre los diversos liderazgos habrían de producir nuevas divisiones y cruentas luchas entre ellos a lo largo de los siguientes años.

Por otra parte, aun cuando por entonces todavía no se involucraba en la llamada Gran Guerra que tenía lugar en Europa, Estados Unidos se mantenía atenta a los acontecimientos y concentraba todo su poderío militar para un eventual ingreso en el conflicto mundial (lo que sucedería en abril de 1917, cuando el gobierno del propio Woodrow Wilson declarara la guerra a Alemania).

La historia de México y la historia del mundo entraban en otra etapa.