Cuca García

Nacida en el pueblo de Taretan, Michoacán, el 2 de abril de 1889, en el seno de una familia de clase media, María Refugio García Martínez, mejor conocida con el sobrenombre de Cuca García, fue una mujer llena de inteligencia e inquietudes que jugó un papel multifacético y significativo en la Revolución Mexicana. Su participación no sólo abarcó aspectos militares, sino que sobre todo incluyó un fuerte activismo social y político que ayudó a redefinir el papel de las mujeres en la sociedad mexicana.

Cuca García en pocas palabras

  • Desde muy joven, esta michoacana mostró tener muchas inquietudes sociales y políticas.
  • Fue una de las fundadoras del legendario Club Femenil Antirreeleccionista Hijas de Cuauhtémoc.
  • Fue una pionera en la organización de los sindicatos femeninos y en la lucha por la protección legal de las trabajadoras.
  • Desde su fundación, se adhirió a las filas del Partido Comunista Mexicano (PCM).
  • Cuca García debe ser recordada como una visionaria que entendió la importancia de la igualdad de género.

De adelita a líder feminista

Cuca García se unió a las filas revolucionarias con una idea social clara, ya que su padre, Camerino García, médico de profesión, había sido un opositor declarado de la dictadura de Porfirio Díaz. En la biblioteca de su casa, la joven michoacana se cultivó leyendo a muchos autores clásicos.

Por desgracia, al fallecer su padre, las propiedades que este tenía les fueron arrebatadas injustamente a la familia, debido a un pleito legal. Esto posiblemente influyó en la radicalización de las ideas de Refugio, quien en 1910, a sus 21 años de edad, junto con otras mujeres notables como Dolores Jiménez y Muro, Hermila Galindo y Juana Belén participó en la fundación del Club Femenil Antirreeleccionista Hijas de Cuauhtémoc, organización que apoyó la candidatura de Francisco I. Madero a la presidencia de la República.

Una vez que sobrevino el fraude electoral porfirista, al estallar el movimiento armado de aquel mismo año y con la rabia a flor de piel, Cuca García y uno de sus hermanos se unieron a las filas del Ejército Libertador del Sur bajo las órdenes de Emiliano Zapata.

Aunque no está claro si participó en alguna batalla, en cambio sí se sabe que trabajó de manera incansable en la organización de redes de apoyo para las familias de los combatientes. Estas redes proporcionaban alimentos, medicinas y ropa a los soldados zapatistas y fueron vitales para sustentar el esfuerzo revolucionario, especialmente en un contexto en el cual los recursos resultaban escasos y la logística era muy complicada.
Fue durante los años de lucha que García se interesó profundamente en la situación de las mujeres, quienes seguían jugando un papel secundario incluso dentro de las filas revolucionarias. Su sentimiento y sus primeras ideas feministas comenzaban a aflorar ante las injusticias que contemplaba día a día.

Radical y comunista

Cuando en 1914 el Ejército Constitucionalista derrotó a ese último bastión del porfirismo que fue el gobierno huertista, Cuca se dedicó a trabajar en pos del mejoramiento de las condiciones de trabajo en las fábricas y en el campo, abogando por salarios justos y mejores condiciones laborales para las mujeres que trabajaban. En ese sentido, fue una pionera en la organización de los sindicatos femeninos y en la lucha por la protección legal de las trabajadoras.

Para entonces había regresado a Michoacán y en 1917 se afilió al Partido Socialista Michoacano (PSM), cercano al general Francisco J. Múgica, que profesaba ideas radicales, anticlericales y de avanzada social. Sin embargo, cuando dos años más tarde se fundó el Partido Comunista Mexicano (PCM), Cuca García no dudó en incorporarse al mismo.

La influencia de la Tercera Internacional Comunista y sobre todo de la revolución de los soviets en la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) había contagiado a millones de personas en el mundo entero y México no era la excepción. García se convirtió en una fiel admiradora de Lenin y pronto llegó a ser líder del Consejo Feminista Mexicano, adherido al PCM, organismo que se involucró en la problemática de las mujeres trabajadoras.

En 1921, con la llegada del general Múgica a la gubernatura de Michoacán, Cuca se convirtió en agente confidencial e intermediaria política de este militar radical de izquierda. Poco después, en 1923, participó como maestra rural en la región de Zitácuaro, con la idea de reducir el analfabetismo y concretar el plan cultural e higiénico de José Vasconcelos, Secretario de Educación del presidente Álvaro Obregón. También intervino de manera activa en los congresos nacionales de mujeres de 1923 y 1925.

Fue una de las fundadoras de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas en 1923, una organización que buscaba la igualdad de derechos y la mejora de las condiciones sociales femeninas en México y América Latina. Su trabajo con esta organización fue crucial para la promoción de los derechos civiles y políticos de las mujeres en una época en que sus voces eran silenciadas.

La labor de Refugio fue tan notable, que para 1927 se convirtió en dirigente del Comité Central del PMC y con esa función residió en la Unión Soviética de 1929 a 1930, como miembro de la Comisión Mexicana del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista.

Con el cardenismo y sin el cardenismo

Cuando en 1934 el general Lázaro Cardenas llegó a la presidencia de la República, Cuca García fue parte importante, ese mismo año, de la organización del Congreso contra la Prostitución (que buscaba la regulación de la prostitución femenina) y del Congreso Socialista Femenino que se celebró en Pátzcuaro.

Un año después, fue nombrada secretaria general del Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM) que apoyaba las reformas sociales del gobierno de Cárdenas. El FUPDM fue muy importante para construir la ciudadanía y la conciencia feministas. En su declaración de principios, incluyó demandas educativas, laborales, de salud, agrarias y destacó el reconocimiento de los derechos políticos de la mujer.

Todo parecía caminar muy bien, pero al finalizar el gobierno cardenista y con la llegada a la presidencia del general Manuel Ávila Camacho, de orientación conservadora, el FUPDM desapareció y el PCM prácticamente pasó a la clandestinidad. Este fue un golpe muy duro para los comunistas mexicanos, pero también para el feminismo que no había alcanzado a consolidarse.

Los primeros años de la década de 1940 fueron de enorme presión para los partidarios de la izquierda y los grupos feministas afines a ellos. De manera paulatina, los distintos colectivos y frentes de mujeres que Cuca García había aglutinado fueron desapareciendo o se integraron al Partido de la Revolución Mexicana (PRM), el partido oficial.
Esto no sólo llevó a la fragmentación del comunismo y el feminismo, sino que el liderazgo de Cuca García empezó a ser criticado y puesto en duda, incluso dentro del PCM.

Hacia 1946, con la flamante magistratura de Miguel Alemán Valdés, primer presidente civil después de la Revolución, el proyecto conservador del ahora Partido Revolucionario Institucional, el PRI, borró cualquier posibilidad de que los comunistas tuvieran representación política y la agenda feminista que buscaba como prioridad el derecho al voto quedó más diluida aún.

Fue en esos últimos días que Cuca García se sintió profundamente decepcionada de la política y sobre todo de los políticos, a quienes las mujeres claramente no les importaban. Aun así, su interés por las campesinas y las obreras siguió vivo, aunque fue poco efectivo. Incluso, cuando en 1953, siendo ya presidente Adolfo Ruiz Cortines, se reconoció constitucionalmente el voto femenino, ella quedó en la sombra y nadie pareció recordar su importante contribución en la lucha por ese derecho.

Los últimos días de Cuca García

María Refugio García Martínez viviría hasta 1973, veinte años después de que el voto de la mujer quedara registrado en la Carta Magna. Durante esas dos décadas, poco se sabe qué fue de ella. Al parecer, nunca estuvo casada ni tuvo descendencia.
En una nota intitulada “Vive en la peor miseria una mujer que luchó por la Patria”, publicada en Últimas Noticias de Excelsior el 23 de noviembre de 1965, el reportero Ricardo Rangel reveló las condiciones en las cuales se debatía Cuca, quien vivía de la caridad, sufriendo hambre y enfermedades.

Según comenta la escritora e investigadora Verónica Oikión Solano, en un texto publicado en La Jornada el 18 de julio de 2023:

Todavía en ese momento esperaba la materialización del reconocimiento oficial en su calidad de veterana de la Revolución, declarado el 20 de septiembre de 1946. Subsistía con sus dos piernas fracturadas al ser atropellada por un vehículo.

En una nota del periodista Adolfo Montiel (La Prensa, 14 de julio de 1973), se informaba que:

El 28 de diciembre de 1966 se aprobó el dictamen de la Primera Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados que ‘concede pensión de gracia, de cuatrocientos cincuenta pesos mensuales, a la C. María del Refugio García Martínez, en mérito a los servicios que prestó a la Revolución Mexicana’. Legitimada la pensión, no dejó de insistir ante las autoridades, ‘más nunca me dieron nada’.

Y en el artículo ya citado, escribe Verónica Oikión:

Días antes de su fallecimiento, Adolfo Montiel la encontró en su última morada de la calle del Estanquillo 8, en un mísero cuartucho y ‘postrada en una cama’, debido a otro accidente en diciembre de 1972. ‘Desde entonces no volvió a caminar’.

Falleció el 13 de junio de 1973. El parte médico estableció la causa: “una fuerte bronconeumonía, desnutrición en tercer grado e insuficiencia cardiorrespiratoria”.

Durante el sepelio de Refugio García, la periodista y activista mexicana Adelina Zendejas reprochó el abandono en que se encontraba esta mujer ejemplar: “Cuca murió de hambre y eso representa una vergüenza para las que se dicen revolucionarias”.

A pesar del terrible e injusto ostracismo en el que pasó sus últimos años, Cuca García debe ser recordada no sólo como una revolucionaria, sino también como una visionaria que entendió la importancia de la igualdad de género para el desarrollo social y político de nuestro país.

No obstante los obstáculos y las resistencias que debió enfrentar en su vida, demostró que la perseverancia y la convicción pueden llevar a un cambio significativo. Su legado perdura callada e implícitamente en las muchas organizaciones feministas de hoy y en las continuas luchas por la igualdad de derechos en México.