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Felipe Carrillo Puerto fue un periodista, político, gobernador y revolucionario de enorme trascendencia en el estado de Yucatán. Su lucha y su compromiso con la justicia social y los derechos de los indígenas le otorgan una notable estatura histórica. A ello habría que añadir su leyenda personal, no sólo como caudillo de un socialismo a la mexicana (no en vano fue llamado por algunos “el apóstol rojo de los mayas”), sino también en el ámbito de lo amoroso (gracias a su relación sentimental con la periodista y escritora estadounidense Alma Reed). El aura romántica que rodea a su relato contribuyó aún más al surgimiento de su mito, un mito que fue creciendo a lo largo de los años.

Carrillo Puerto en pocas palabras

  • Fue el personaje yucateco más importante de la Revolución Mexicana.
  • Desde muy joven se preocupó por la mala situación de los peones mayas y empezó a luchar por ellos.
  • Como periodista, se dedicó a denunciar las injusticias que se cometían contra los campesinos de su estado.
  • Fue un socialista convencido y un gran admirador de la revolución soviética encabezada por Lenin.
  • Su legendario idilio con la reportera estadounidense Alma Reed ha sido fuente de relatos, canciones y obras cinematográficas.

Infancia de Carrillo Puerto

Carrillo Puerto nació el 8 de noviembre de 1874 en Motul, Yucatán. Fue el segundo de los catorce hijos que tuvieron el comerciante Justiniano Carrillo y su esposa Adela Puerto. En Motul su padre tenía una tienda de abarrotes, donde Felipe trabajó luego de terminar la escuela primaria. Más tarde, el muchacho se convirtió en conductor de trenes, lo que lo llevaba con frecuencia a la ciudad de Mérida.

En la capital yucateca, el joven Carrillo Puerto conoció a María Isabel Palma, con quien contrajo matrimonio en 1898. La pareja se estableció en Motul y procreó cuatro hijos. Felipe renunció entonces a su trabajo como ferrocarrilero y compró tres carros de mulas con los que se convirtió en transportista de mercancías entre su ciudad natal y las poblaciones cercanas. Esto le permitió conocer la realidad social de su estado y dado que desde pequeño aprendió a hablar maya, se enteraba de las muchas injusticias que acontecían a los indígenas de esa etnia, especialmente a la gente más pobre. Esto despertó poco a poco su afán de justicia.
Empujado por esta circunstancia, a mediados de la primera década del siglo XX Carrillo Puerto fundó el bisemanario El Heraldo de Motul que pronto consiguió un buen número de lectores locales. Sus artículos críticos y de denuncia contra las autoridades locales y algunos personajes poderosos del lugar le atrajeron muchas simpatías, pero también algunos enemigos que empezaron a ver en él a un enemigo. Debido a esto último, al poco tiempo el periódico fue clausurado por el gobierno.

La cárcel y la lucha al lado de Zapata

En 1909, Felipe formó parte del Centro Electoral Independiente que apoyaba la candidatura a gobernador de Yucatán del poeta y periodista Delio Moreno Cantón, quien era director de la Revista de Mérida. Este le dio trabajo al joven motuleño, el cual pudo así aprender muchos de los secretos del oficio periodístico. Como corresponsal en Motul, se volvió aún más crítico.

En 1911, abrazó la causa maderista. Sin embargo, un hecho habría de interrumpir súbitamente su carrera. Un grupo de hacendados de la región contrató a un tal Néstor Arjonilla para que acabara con la vida del periodista. En un confuso incidente, cuando el matón a sueldo quiso liquidarlo, Felipe, posiblemente advertido, se le adelantó y le disparó en defensa propia, matándolo en el instante. Las autoridades detuvieron a Carrillo Puerto, quien fue encarcelado. Permaneció entre rejas durante dos largos años, hasta que en 1913, en pleno levantamiento carrancista contra el usurpador Victoriano Huerta, pudo salir de prisión.

Una vez libre y temiendo que sus enemigos le dieran caza, el yucateco decidió abandonar el estado y se dirigió a Morelos, para unirse a las fuerzas del general Emiliano Zapata. Convertido en guerrillero zapatista y dados sus méritos en combate, al año siguiente le fue otorgado el grado de coronel de caballería y en 1915 formó parte de la tercera Comisión Agraria del distrito de Cuautla. Ese mismo año, el general revolucionario Salvador Alvarado llegó a la gubernatura de Yucatán y Carrillo Puerto pudo retornar a su estado para integrarse al nuevo gobierno en la Comisión Agraria de Mérida, la cual empezó a repartir las tierras entre los campesinos que hasta entonces habían vivido en una abierta situación de esclavitud. Además, se dedicó a difundir en lengua maya los derechos que otorgaba al pueblo la Constitución de 1857.

El Partido Socialista del Sureste

Para ese momento, el pensamiento de Felipe ya se encontraba imbuido de las ideas socialistas y por ello empezó a promover también la sindicalización de los obreros. Al mismo tiempo, fundó y organizó el Partido Socialista del Sureste (PSS), apoyado por pequeños núcleos de trabajadores a los que llamó Ligas de resistencia que trataban de replicar a los soviets rusos. Los hacendados y empresarios vieron con alarma cómo sus peones y empleados se agrupaban en aquellas ligas y acudían a reuniones y mítines socialistas, en los que escuchaban expresiones como “lucha de clases”, “capitalismo” y “plusvalía”.

Con el apoyo del general Alvarado, Carrillo Puerto se convirtió en presidente del nuevo partido y después del Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro que dio como resultado la actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el pueblo yucateco llevó a la gubernatura estatal al líder ferrocarrilero Carlos Castro Morales, miembro del PSS y primer gobernador socialista en la historia de México.

Un año después, Felipe Carrillo Puerto se convirtió en diputado federal por el estado de Yucatán, en la XXIX Legislatura. Su influencia política crecía cada vez más, lo mismo que su radicalismo. Simpatizante de la revolución rusa, durante una manifestación obrera organizada por la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) que encabezaba el líder Luis N. Morones, Carrillo dio un discurso más que provocador en el cual decía a los marchistas: “Si los comerciantes monopolizan provisiones y ustedes no tienen pan, vayan a las tiendas, echen abajo las puertas y saqueen todos los productos. Vamos a dinamitar la Cámara de Diputados, clausurar el Senado y acabar con la Suprema Corte. ¡Ya basta de manifestaciones pacíficas! ¡Ya basta de chácharas huecas! Debemos implantar los principios de los bolcheviques. Vamos a izar la bandera roja… En lugar de tocar las campanas el domingo, vamos a fundirlas para hacer monedas de bronce. Si hay necesidad, vamos a derribar y destruir para construir los altos ideales del comunismo. La distribución de la tierra, un aumento de salarios, son cosas que sólo pueden obtenerse por la fuerza, no con manifestaciones pacíficas”.

Un gobernador bolchevique

Dado su apoyo al general Álvaro Obregón y al Plan de Agua Prieta, en su lucha contra Venustiano Carranza, cuando el sonorense llegó a la presidencia de la república impulsó aún más la carrera del socialista yucateco y así logró convertirse en gobernador de Yucatán en febrero de 1922. Su primer discurso como tal, en su toma de posesión, lo pronunció en maya y en la ceremonia estuvo presente el emisario soviético David Dubrowski, enviado personal del jefe máximo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin.

Durante su gobierno, Carrillo Puerto repartió tierras, impulsó la creación de caminos, rescató y restauró monumentos arqueológicos, creó cooperativas, fijó el salario mínimo, creó ligas feministas, combatió el alcoholismo, estableció servicios médicos y jurídicos gratuitos, promulgó leyes para liberalizar cuestiones como la previsión social e incluso el divorcio y estableció los llamados bautizos socialistas y las bodas comunitarias, así como la promoción del control natal. También favoreció a los trabajadores henequeneros, en perjuicio de los hacendados que durante muchas décadas habían explotado salvajemente el trabajo de los primeros.

En el plano educativo, fundó la Universidad Nacional del Sureste (hoy Universidad Autónoma de Yucatán), la Escuela Vocacional de Artes y Oficios y la Academia de la Lengua Maya. También logró, a pesar de la oposición de los diputados locales, que las mujeres tuvieran derecho a votar y ser votadas, al hacer que la maestra Rosa Torre G. fuera elegida como la primera regidora del sexo femenino en la historia de Mérida. Todos estos cambios le atrajeron la simpatía popular, pero también incrementaron el odio que los oligarcas le tenían de tiempo atrás.

Un final trágico

Cuando en 1923 Plutarco Elías Calles fue nominado candidato oficialista a la presidencia de la república, para sustituir a Álvaro Obregón, Carrillo Puerto se sumó a dicha candidatura. Sin embargo, el general sonorense Adolfo de la Huerta no estuvo de acuerdo y se levantó en armas en Veracruz. Muchos militares lo apoyaron en diversos estados del país y el virtual golpe de Estado pareció prosperar. Dado que el cercano Campeche fue dominado por los delahuertistas, desde ahí surgió la orden de deponer y arrestar al callista Carrillo Puerto. Este trató de combatir a los rebeldes, pero fue traicionado por algunos generales yucatecos y aunque el pueblo lo apoyaba, al no contar con armas, el gobernador se vio obligado a huir. No lo logró y fue capturado con varios de los suyos en el puerto de Holbox.

Los detenidos fueron llevados a la penitenciaría de Mérida, donde ilegalmente se les aplicó un juicio militar sumario que los condenó a muerte. Felipe Carrillo Puerto y trece de sus subalternos, entre ellos sus hermanos Wilfrido, Edesio y Benjamín, fueron pasados por las armas en el Panteón Civil de Mérida, la madrugada del 3 de enero de 1924. Se dice que sus últimas palabras, ante el pelotón de fusilamiento, fueron: “¡No abandonen a mis indios!”.

El idilio con Alma Reed

Curiosamente, para mucha gente Felipe Carrillo Puerto es menos conocido por su labor política y sus ideas socialistas que por el apasionado romance que sostuvo con la periodista estadounidense Alma Reed. De hecho, hay quienes afirman que cuando el yucateco trató de huir de los delahuertistas lo hizo para tratar de llegar por mar a los Estados Unidos y desde ahí dirigirse a Sonora a fin de unirse a las fuerzas obregonistas, aunque otros aseguran que en realidad su finalidad era llegar a San Francisco, California, para reunirse con Alma y casarse con ella.

Alma Marie Prescott Sullivan era una bellísima reportera originaria de California y partidaria de los derechos de los méxico-estadounidenses, tanto así que su intervención al salvar la vida de un menor de edad mexicano, acusado de homicidio y condenado a la horca, consiguió que el gobierno californiano emitiera en 1922 una ley que prohibía la aplicación de la pena de muerte a menores de edad. Gracias a este logro, el presidente Álvaro Obregón la invitó a visitar México, donde permaneció varios meses como corresponsal de The New York Times.

Con la misión de realizar un reportaje sobre las ruinas de Chichen Itza para dicho periódico neoyorquino, a sus 27 años llegó a Yucatán en febrero de 1923, donde conoció al gobernador Felipe Carrillo Puerto, quien tenía 48. Cuenta la leyenda que se trató de un mutuo enamoramiento a primera vista y que del encuentro surgió un apasionado amorío que duraría escasos meses, aunque el mito de dicho amor produjo material para realizar canciones (como la popular “Peregrina”, con letra del poeta yucateco Luis Rosado Vega y música del afamado compositor, también yucateco, Ricardo Palmerín) y hasta una película mexicana (Peregrina, de Mario Hernández, filmada en 1974, con Antonio Aguilar y Sasha Montenegro interpretando a la pareja). Ambos tenían la característica de ser muy bien parecidos (no en balde uno de los apodos de Felipe era “El dragón de los ojos verdes”).

Por desgracia, el asesinato de Carrillo Puerto impidió que aquel idilio se convirtiese en una relación duradera (la norteamericana había viajado a San Francisco para preparar la boda, cuando Felipe fue detenido y ejecutado). Sólo habrá que añadir que Alma Reed regresó a México en 1954, para establecerse en forma definitiva. En 1961 recibió el orden del “Águila Azteca”, por haber contribuido a la promoción de la cultura mexicana. Fue la sexta mujer en recibir esa importante condecoración. Falleció en 1966 y por deseo expreso de ella misma, sus cenizas fueron depositadas frente a la tumba de su gran amor, Felipe Carrillo Puerto, en el cementerio general de Mérida.