Concha Michel

Este 27 de diciembre se cumple un aniversario más de la muerte de Concepción Michel, mejor conocida como Concha Michel, cantante vernácula, activa revolucionaria, militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), feminista, compositora, dramaturga, ensayista y aventurera, nació hace 124 años, el 24 de mayo de 1899, en Villa de la Purificación, población próxima a la ciudad de Autlán de la Grana (actualmente Autlán de Navarro), en el estado de Jalisco. En este post te contamos más acerca de su vida y obra.

Concha Michel en pocas palabras

  • Es una de las más importantes y controvertidas representantes de la canción mexicana del siglo pasado, en especial del género del corrido. 
  • Además de compositora y cantante de corridos, fue activista, feminista, dramaturga, ensayista y viajera.
  • Por su carácter rebelde, la internaron en un convento desde muy pequeña, pero la expulsaron por organizar una fuga de novicias y una quema de santos.
  • Anarquista, socialista y simpatizante de la revolución rusa, en 1918 se afilió al Partido Comunista Mexicano.
  • En Nueva York se hizo amiga de Diego Rivera y Frida Kahlo y en la Unión Soviética de Tina Modotti.
  • Ferviente cardenista, luchó siempre por preservar el folclor mexicano y defendió su idea del feminismo, visto como una dualidad mujer-hombre.

Inicios en la música

Su abuelo, Luis Michel, era una especie de señor feudal de la costa jalisciense. Dado que desde muy chica Concha Michel dio muestras de ser una niña caprichosa y rebelde, su familia decidió recluirla a los siete años de edad en el Convento de San Ignacio de Loyola, que su abuelo había mandado construir en Ejutla, un poblado cercano a Autlán. 

Fue ahí donde se enamoró de la música, por lo que aprendió a cantar y tocar la guitarra. Pero su espíritu de revuelta no descansaba. Antes de llegar a la adolescencia, a sus tempranos once años, organizó y lideró una fuga de novicias, precedida de una quema de santos. Esto le valió ser expulsada del convento y aunque regresó a vivir con sus padres, aquello duraría poco tiempo. 

Una trotamundos adolescente

Tenía tan sólo catorce primaveras cuando Concha Michel decidió irse a recorrer el mundo, algo verdaderamente insólito para una mujer de aquella época y de una región tan cerradamente tradicionalista, pero más aun para una casi niña. Sin embargo, Concha era dueña de un carácter tan fuerte y decidido que rompió con el molde de las mujeres jóvenes del México de ese tiempo, a quienes se les exigía pureza y templanza, pudor y recato. 

Así, en 1913, cuando en México acababan de asesinar al presidente Francisco I. Madero y la revolución contra el golpista usurpador Victoriano Huerta se extendía por todo el territorio nacional, con 17 dólares en la bolsa y guitarra en mano, la muchacha se trasladó a los Estados Unidos para ganarse la vida cantando en cada lugar por donde iba pasando. 

Quizás un tanto indiferente ante lo que ocurría en nuestro país, permaneció en territorio estadounidense durante un lustro y regresó a México un año después de promulgada la nueva Constitución en Querétaro. 

Afiliación y matrimonio de Concha Michel en el PCM

En Estados Unidos se había familiarizado con las ideas anarquistas y socialistas, sobre todo después del triunfo de la revolución rusa de 1917. Simpatizante de Lenin y del gobierno de los soviets, en 1918 se afilió al PCM. Contrajo matrimonio con su secretario general, Hernán Laborde, con quien mantendría una relación sentimental intermitente, hasta la muerte de éste, en 1955. 

Con su guitarra, vestida siempre con vestimentas indígenas, recorrió el país a lo largo de 1925 y 1926, para cantar sus propias canciones y sus corridos revolucionarios (como “Los agraristas”) y anticlericales, al tiempo que recopilaba un cancionero autóctono que llegó a contar con cinco mil piezas. Lamentablemente, el cancionero nunca fue publicado por la falta de interés oficial.

Frida, Diego, Tina, la URSS

En 1932, a sus 33 años de edad, Concha Michel viajó a Nueva York, donde permaneció cerca de un año, contratada por la Escuela de Ciencias Sociales de aquella ciudad. Ahí conoció a Frida Kahlo (con quien solía cantar a dueto) y a Diego Rivera (para quien gustaba posar). 

Apoyada sólo por su voz y su guitarra y en un acto que muchos le criticaron por su aparente incongruencia ideológica, llegó a cantar para el multimillonario John D. Rockefeller, quien la invitó a su enorme mansión para celebrar el cumpleaños del magnate. También el Museo de Arte Moderno la contrató para presentarse en la inauguración de una exposición, con ello ganó mil 200 dólares. Con ese dinero pudo pagarse un viaje a Europa y llegó hasta la Unión Soviética, donde conoció a pensadoras feministas de ideología comunista, como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai, además de encontrarse con su amiga Tina Modotti, quien vivía exiliada en Moscú, tras haber sido expulsada por el gobierno de México en 1930.

Al año siguiente, Concha regresó a México y trabajó como organizadora rural para la Secretaría de Educación Pública, dentro del Programa de Misiones Culturales. Fue además, maestra, activista política, conferencista y dramaturga. Debido a su posición feminista, en 1933 fue expulsada del Partido Comunista. Su respuesta fue publicar un panfleto llamado Marxistas y “marxistas”, en el que daba sus opiniones sobre “el asunto de la mujer”.

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Contra Calles y con Cárdenas

En 1936, encabezó a un grupo de más de 200 mujeres que invadió una de las propiedades del presidente Plutarco Elías Calles, para demandar que ahí se construyera un centro de capacitación para campesinas. Los guardias del presidente desalojaron a las invasoras, mientras Michel negociaba infructuosamente con el mandatario.

Más tarde, ya siendo presidente Lázaro Cárdenas, éste le otorgó una propiedad para fundar en ella aquel centro de capacitación. Con Cárdenas colaboró intensamente, asistiendo a mítines y encuentros masivos en los cuales usaba su música para promover sus ideales políticos y contar historias de la revolución.

En 1950, la artista estableció el Instituto del Folklore en la ciudad de Morelia, con el fin de preservar la cultura indígena del estado de Michoacán. A partir de entonces, tomó a la capital michoacana como su principal lugar de residencia.

Dios, nuestra señora

Concha Michel no era precisamente feminista, no al menos en el sentido actual. Aunque afirmaba que “Dios no puede ser varón aunque los humanos lo hayamos imaginado así”, su idea era la de un dios que “para ser universal, deberá ser dual y esa dualidad, por solidaria, es siempre la unidad. Hombre y mujer solidarios representan la unidad en la célula vital”. De esos años es su poema “Dios, nuestra señora”, al cual pertenece el siguiente fragmento:

Mujer, madre del hombre.
Humillada hasta lo más profundo de tu ser.
Para el fraile eres la imagen del pecado;
para el político, instrumento de placer;
para el artista, quizás un tema estético
y para el sabio, un “caso” que no ha podido resolver.

La Dualidad

A principios de los años ochenta del siglo pasado, junto con otras ocho mujeres, entre las que se encontraban Aurora Reyes, Natalia Moguel y Antonieta Rascón, Concha firmó un documento denominado La Dualidad, cuya propuesta consistía en un programa de acción mundial para que mujeres y hombres se incorporaran a una permanente lucha ideológica y afirmativa contra el autoritarismo patriarcal. “Mientras no se integre el concepto de «dualidad», base fundamental de la sociedad, la dirección de la humanidad seguirá equivocada”, decía el documento.

Según escribe la investigadora Begoña Caballero Sagardia:

Aunque no es una tarea fácil encontrar alguna canción compuesta y cantada por esta mujer de gran carácter y talento, en el trabajo titulado El romance español y el corrido mexicano: estudio comparativo, realizado por Vicente T. Mendoza en el año 1939, se citan dos: “La Güera Chabela” y “La Delgadina”, cantada esta última cuando contaba con 27 años y según lo recogido en el citado estudio, se trataba  de un tema que había aprendido cuando apenas era una niña en su pueblo, en el Estado de Jalisco.

Concepción Michel murió a los 91 años de edad, el 27 de diciembre de 1990, en su casa de Morelia.